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martes, 3 de junio de 2014

Del adolescente que vivió el feriado bancario

Por: José Rodríguez - @osoldu

La peor recesión por la que pasó el Ecuador ocurrió cuando era un quinceañero que lo único que quería era ser el bajista del equivalente quiteño de Nirvana, pero llegó la crisis económica y surgió otro espíritu inspirado por la música, pero alejado del sueño de ser un rockstar.




A mis 14 años era un adolescente de tercer curso quien en su mente solamente tenía ser el bajista de una banda de grunge tipo Nirvana, quería ser el Krist Novoselic ecuatoriano, pues aquella generación aún no podía superar el trauma post-kurtiano que dejó la pronta partida del frontman de la ícónica banda de Aberdeen, Washington. 

Recuerdo que en el verano de 1998 entré a un curso de guitarra, lo que sumado a ciertas enseñanzas de parte de mis amigos con más experiencia musical, me preparaba para convertirme en bajista. Mi padre aceptó comprarme el instrumento con la condición de que sea yo quien pague las clases con mis ahorros, me pareció entonces un trato justo, hasta que empezaron a ocurrir cosas impensadas.

Una tarde mi viejo llegó de su oficina en el ex Consejo Nacional de Desarrollo (Conade) -el equivalente a la actual Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (Senplades)- con una noticia prácticamente devastadora para la familia: el gobierno de entonces, liderado por Jamil Mahuad, ordenó el cierre de la institución, lo que dejó en la desocupación al menos a 600 personas, una de ellas, mi padre. Aquella neoliberal medida de reducir el tamaño del Estado y poner ciertas funciones en manos privadas empezaba a generar desempleo.

En ese momento no entendía la magnitud del asunto, pues pensaba que con la liquidación que iba a recibir iba a tener el dinero suficiente para poder vivir con la comodidad que mi familia había tenido hasta esos años y habría el tiempo suficiente para que mis hermanas y yo podamos compartir más tiempo con él. Además aún contaba con que iba a comprarme el bajo.

El edificio del Banco Popular, donde hoy funciona el
Ministerio de Educación

Recibió su cheque de liquidación en nuestra finada e inolvidable moneda nacional, el sucre, y lo depositó en la cuenta que mi familia tenía en el Banco Popular, una de las instituciones que presentaba más solidez hasta aquel momento. Hasta que sucedió lo impensado.

En 1999 los bancos empezaron a quebrar y el gobierno de Mahuad decretó un feriado bancario como medida de salvataje a una decena de instituciones que perdieron liquidez y que estaban cerca de la quiebra. Sin embargo, aquello sirvió para que los banqueros utilicen inescrupulosamente los ahorros de personas, que como mis padres, confiaron su dinero a ellos.


Los resultados de esta crisis fueron terribles, la actividad económica en el Ecuador se encontraba entre el 7% y 8% bajo cero y nuestro finadito sucre se devaluó en más del 95%; las pérdidas globales ascendieron a los 8.000 millones de dólares y los ingresos per cápita se redujeron en un 32%. El desempleo aumentó de 9% al 17% y el subempleo aumentó de 49% al 55%. Para el salvataje fueron utilizados 1.600 millones dólares de los fondos del Estado en beneficio de los bancos que quebraron, dinero que recién en 2011 empezó a ser devuelto a sus dueños.

"Les cagué y me fui a vivir en la Johnny, huevones!"

En ese contexto trágico desde el punto de vista socioeconómico, yo ya había cumplido los 15 y en serio sentía una rabia total al mirar lo que ocurría. Es que ya había creado cierto criterio que se fue complementando con la lectura de fanzines sobre la Generación X y ciertos textos de izquierda que llegaron a mí gracias a aquellos panas admiradores del che Guevara que nunca faltan. 

Me la pasaba escuchando Megadeth, Slayer y Rage Against the Machine, y empezaba a sentirme como Bernard de Un mundo feliz de Aldous Huxley, alguien que tenía ciertas limitaciones pero que no las sentía al momento de expresar su rechazo a la normativa fordiana. Yo era un adolescente que odió el sufrimiento de sus padres por culpa de la normativa mahuadiana y la odié.

Detesté el neoliberalismo y su salvataje bancario, aunque pese a ciertos coqueteos bastante fuertes con la izquierda preferí no inclinarme por aquella tendencia, a pesar de que la formación ideológica que obtuve en mi hogar tenía mucha relación con el marxismo y la revolución, pero en fin, aquella es otra historia. Como dato nada más, el apellido de Bernard en la obra de Huxley es Marx.

Si no le conmueve recordar estas imágenes, usted
es un deshumanizado cual Mahuad.
No soportaba la injusticia que veía, por ello, junto a un grupo de amigos, salía a las inmediaciones de la Universidad Central a lanzarles piedras a esos “chapas hijueputas”, los mismos chapas que se morían de ganas de unirse a nosotros y gritar contra un régimen que cada día mataba por inanición a más y más personas, porque ellos también eran víctimas de la debacle financiera.

No podía dormir tranquilo al saber que aquella noche prendería el noticiero y miraría otros cientos de migrantes viajando a ser tratados como esclavos en España para poder mandarle un poco de dinero a sus hijos, las familias desintegrándose, los jubilados haciendo huelgas de hambre en las oficinas del IESS para pedir un poco de dinero y muriendo allí. 

"Qué bueno que estos cojudos tienen memoria a cortísimo plazo,
tranquilo Jamilcito que yo te ayudo amigui".

Hasta ahora, 15 años después, me cuesta demasiado entender cómo alguien que se precie de ser humano puede llegar a tener tal nivel de apatía que no le importa cómo la gente se muere a su alrededor. Supongo que cuando tienes dinero y poder la situación es así, que solamente importas tú y las demás personas pasan no al segundo plano, sino al séptimo u octavo, por eso prefiero ser un anónimo ciudadano de a pie que se gana su dinero cada día trabajando y no perder mi humanidad.

Puertas adentro de mi casa, la situación era demasiado preocupante, pues con mi padre desempleado los ingresos familiares se vieron drásticamente reducidos; aquello lo llevó, junto a mi madre, a emprender en varios negocios que no llegaron a tener el final esperado, pero que sirvieron para que mis hermanas y yo podamos estudiar y no nos falte nada de lo indispensable, hasta que varios años después pudieron conseguir empleos que les garantizaron nuevamente cierta tranquilidad financiera.

Aquel momento el ser bajista dejó de ser una prioridad para mí, decidí que lo que debía hacer estaba en otro campo. Ya no quería ser el rockstar que se bebía, fumaba e inhalaba todo lo que encontraba a su paso y se acostaba con todas las chicas que podía; haber vivido aquello me llevó a una reflexión muy fuerte, quería luchar y brindar soluciones.

"Ostia! Amigos volved a Ecuador!"

Ya han pasado tres lustros de aquello y las circunstancias son totalmente diferentes a las que vivimos en los años previos al cambio de milenio, y saltó la noticia de que el causante de toda esta debacle es perseguido por la Interpol y tendrá una pena de 12 años de prisión. Me parece algo insuficiente, considerando todo lo que hizo, aunque ahora Mahuad se defienda diciendo que cortó la mano para salvar el brazo y que es un perseguido político.

Quizá a la gente le haga falta recordar que 15 años atrás el país estuvo a punto de destruirse, que millones de personas tuvieron que migrar y otros centenares murieron, que muchos sueños fueron pisoteados y el honor de la mayoría de los habitantes de este país fue burlado. Sería espectacular que algún chico o chica adolescente lea estas líneas y se acuerde que quienes tuvimos su edad cuando esto ocurrió aprendimos que la palabra “rebeldía” no significa solamente “ser un guambra malcriado”.

Si tiene la memoria a cortísimo plazo, le invito a mirar el siguiente video, y si definitivamente no entiende mismo la magnitud social del asunto, vaya y bótese de un puente, usted no es humano.


lunes, 12 de mayo de 2014

¿El fútbol lo vale?

José Rodríguez


Supongo que si pasas gran parte de tu fin de semana relacionado con un deporte en particular eres un un gran aficionado de aquello. Si entre tus programas favoritos están sus eventos especiales transmitidos por televisión, o si en los momentos de relax lo practicas, sea en persona o en juegos de video y admiras incomensurablemente a quienes lo hacen profesionalmente, eres en serio un fanático.

Eso es para mí el fútbol, desde que era un niño pequeño lo vivo, me ha acompañado en muchas ocasiones y tengo mis futbolistas ídolos. Además he aprendido lo que es la pasión gracias a lo que ha significado para mí ser hincha de uno de los mejores equipos de América, la Liga Deportiva Universitaria.


Primero en el Olímpico Atahualpa y desde hace 17 años en Ponciano, he aprendido a disfrutar del juego, me he llenado la garganta de gol y los ojos de lágrimas en más de una ocasión. Vi a mi equipo descender a la B y pocos años después consagrarse como el mejor equipo de todo el continente. Varios de los momentos más representativos de mi vida sucedieron cuando llevaba una camiseta blanca con una U en el pecho.

La alegría más grande que me ha dado el fútbol

Aquello me enseñó que a veces es necesario dejarlo todo por cumplir un sueño, que el amor que nunca cambias es el que sientes por tu equipo de fútbol, que en la vida se reproducen muchas situaciones que ves en una cancha y que haber pasado por la general de un estadio te puede enseñar a enfrentar cierto tipo de problemas cotidianos. Lo más lindo de estar en una barra es aprender valores como la amistad, la solidaridad y la lealtad, y gracias a Liga aprendí eso y más.

Pero más allá de estas últimas líneas de ensalzamiento de mi equipo preferido, quisiera centrarme en el momento cumbre de todo el juego: la Copa del Mundo de la FIFA, que este año se llevará a cabo en el económica y socialmente emergente Brasil.

Hablemos un poco del gigante sudamericano, del país amazónico gobernado por Dilma Rousseff, aquel que se ha convertido en uno de los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), es decir, una de las potencias económicas con mayor proyección internacional y que tiene en sus costas atlánticas una de las mayores reservas hidrocarburíferas off-shore de todo el mundo.

"Nossa economia esta bem"
Se podría decir que sería maravilloso vivir allí y que después dada aquella bonanza económica estaríamos hablando de uno de los sitios ideales en todo el planeta para albergar la Copa Mundial y los Juegos Olímpicos, que en 2016 se llevarán a cabo en Río de Janeiro.

El país de las grandes metrópolis y los recursos naturales prácticamente inagotables es también uno de los que registra la más alta brecha socioeconómica, es decir, la diferencia en el modus vivendi entre los sectores más ricos y más pobres es altísima. Los ricos son muy ricos y los pobres son muy pobres, repitiendo así una de los mayores problemas de toda Latinoamérica, la inequidad.

Las familias más desposeídas son hacinadas en las llamadas favelas mientras que las revistas de turismo exhiben solamente la parte bonita de las ciudades, Río de Janeiro es aparentemente un Guayaquil más grande dada aquella situación. 

Dilma: "Aqui nós esconder os pobres"
Según datos del propio Gobierno de Rousseff son cerca de 50 millones las personas que viven en la pobreza, es decir, aproximadamente cuatro veces la población del Ecuador. En 2013, la renta familiar del 20% de la población poseyó el 57,7% del total de la riqueza nacional y el coeficiente de Gini, indicador que va de cero a uno y que aumenta según lo hace la desigualdad es de 0,55, cuando el ecuatoriano es de 0,47 y el de países como los nórdicos es de 0,33. Aunque la diferencia parezca pequeña es muy alta.

Además deberíamos mirar un poco a la historia, cuando en 2004 Grecia organizó los Juegos Olímpicos y su gobierno de entonces realizó altísimas inversiones, 10 años después vemos a la economía helénica devastada y al presidente subastando su país al mejor postor. Las consecuencias en el emergente Brasil podrían ser terribles, considerando que la inversión para la Copa supera los 15.000 millones de dólares, cifra que se aproxima al 40% de la totalidad del presupuesto general del Estado ecuatoriano para todo 2014.

Esto quedó de un escenario que hace 10 años perteneció a la élite olímpica
Y los efectos no vienen a futuro como en el caso griego, ya se están sintiendo en el gigante sudamericano. Además del hacinamiento en favelas, los mendigos están siendo “reubicados” en las zonas no visibles para los turistas, los animales callejeros están siendo capturados y sacrificados y para colmo la presidenta Rousseff decretó una reducción de horas de trabajo para la población a fin de que la gente mire los partidos.

Si bien se esperan altas ganancias para el país anfitrión, las cifras resultan irrisorias si se comparan con la inversión realizada, hace cuatro años Sudáfrica (otro BRICS) no ganó más de 1.000 millones de dólares, cifra que se podría superar en Brasil, pero considerando que la inversión en la nación africana no superó los 8.000 millones, la cifra resultaría insignificante.

Además de aquello está la veintena de obreros que hasta la fecha han resultado heridos o muertos en la construcción de los estadios. No quisiera decir que la Copa le quedó grande a Brasil, pero va pareciendo que sí, que quizá Latinoamérica no está lista para recibir a un evento de tal magnitud.

El tema es tan delicado en Brasil que las protestas por el exagerado monto de dinero público en la construcción de escenarios (a un mes de la apertura algunos están inconclusos), la infraestructura de transporte (aún hay aeropuertos a medio construir y otros que definitivamente solo quedaron en planos), los fan fests (ciertas ciudades no cuentan con los fondos suficientes para organizarlos por lo que deberán pedir créditos al gobierno central) y el consiguiente aumento en los precios de los servicios e impuestos (en 2013 se intentó subir los precios del transporte público).

Además hay jugadores ex campeones mundiales como el recientemente retirado Rivaldo y el actualmente diputado del Partido Socialista Romário, quienes ya se han mostrado en contra de la organización de la Copa. El otro lado es representado por el eterno amigo de los billetes verdes Pelé y el ahora empresario y jugador de poker Ronaldo.

"Eu sou capaz de vender o meu pais pra ganhar dinheiro"
La verdad es que disfrutaré del Mundial porque amo el fútbol, espero cuatro años para verlo nuevamente, pero creo que este año será diferente, la Copa de 2014 será la de las desigualdades socioeconómicas, la de las protestas y seguramente de la represión policial, como ya ocurrió en la Copa de las Confederaciones realizada en el propio Brasil. Y ahora quieren organizar también el Mundial de Clubes y la Copa América… no sé qué irá a pasar con el querido país verde amarelho.

Que el balón empiece a rodar y nosotros a cantar los goles, pero tratemos de no olvidar que junto a eso hay un pueblo que sufrirá las consecuencias más difíciles gracias a tener en su casa a la fiesta ecuménica.