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jueves, 12 de junio de 2014

Nostalgia en el Mundial de las favelas

Por: Fernando Dávila / @efezero



El fútbol es una pasión sin igual, por ello esperamos cuatro años para disfrutar del más grande de sus eventos, la Copa Mundial. Brasil está listo, pero el precio que su pueblo ha pagado, paga y pagará para llegar a la gloria deportiva es altísimo.




Soy de los que siempre han adorado el Mundial, un mes para ver fútbol, para disfrutar de los partidos, ver resúmenes, comentarios, llenar el álbum, compartir en la casa, en el trabajo, en todas partes esa fiesta que nos tiene a todos un poquito enajenados tras el balón.
Es una fiesta ecuménica de paz, de deporte y de unión mundial, y de homenaje al más maravilloso de los deportes, ese juego convertido en una religión en casi todo el planeta. Pero en esta ocasión, el mundial viene cargado de polémica, de inversiones altísimas que derivan en una situación económica complicada en el país organizador, una de las economías emergentes, pero a la vez con escasa capacidad de reducir la desigualdad.

El mito (cargado de mucha ignorancia y folklore) decía que los brasileños pueden morirse de hambre pero el fútbol  no debe faltar, que el Mundial haría feliz al gigante sudamericano pese a la pobreza, que el Maracaná sería el nuevo Coliseo Romano en el que el emperador ofrecería panem et circenses.

Las calles de Sao Paulo, Rio y otras ciudades de Brasil nos dicen lo contrario: una población herida por la marginación, con la consigna ¡Nâo vai ter copa! se niega a permitir que se realice el Mundial por considerarlo un chocante despilfarro de dinero en medio de la miseria más espeluznante, esa que existe en nuestro continente y en todo el mundo, pero que en medio de la exuberante belleza de Brasil se ve más destacada.

Mi corazón se divide al mirar la TV y al leer los diarios, es cierto que en medio de la pobreza el Mundial es un insulto, pero ¿debemos entonces quedarnos sin el mayor de los eventos deportivos?

El Maracaná visto desde la favela pacificada Mangueira
Los mundiales de mi infancia

Hace 20 años yo hubiera defendido radicalmente la realización de la cita deportiva, yo era obviamente más joven y descomplicado, en Argentina 78 no sabía de las dictaduras militares y en España 82 no sabía de post-franquismo. El Mundial era simplemente esa bella fiesta que nos permitía ver los mejores partidos de fútbol todos los días, los niños aprendíamos de la existencia de algunos países gracias al torneo, nos interesábamos por esa fantástica pasarela de uniformes y camisetas, escudos y banderines; había en el mismo mundial, dos y hasta tres álbumes de cromos de esos de sobrecito de papel periódico (de diferentes editores) que debíamos llenar pegando con goma con la esperanza de ganar un balón, una camiseta o un recuerdo de la Copa.

El capitán argentino Daniel Passarella junto al dictador Jorge Videla,
entregándole la Copa del Mundo ganada en 1978

Recuerdo los logotipos del mundial, las mascotas, las canciones, cada una tenía su sabor nacional: la contemporánea y moderna Alemania del 74 nos mostraba lo más vanguardista del diseño gráfico de entonces; el Gauchito de Argentina 78 era un niño campesino morenito con un balón, el Naranjito inolvidable de España 82, el soberbio cartel de Joan Miró nos plasmaba la pujante España que se enfrentaba cara a cara con la modernidad; mientras su rostro más costumbrista se reflejaba en el pasodoble “y viva España!”. México 86 nos mostraba su cultura popular con su mascota: el jalapeño Pique y su canción y lema: “el mundo unido por un balón”. El sobrio diseño italiano se ponía en evidencia en la mascota del 90 Ciao y la potencia de su música en la hermosa canción "Notti Magiche”.

logos.jpg
Los logos de los mundiales desde 1978 hasta 2014 (los de 1994
y 1998 son una belleza)

:O el Fuleco ha sido copia del de Sudáfrica.


El mundial ha cambiado

No solo lo veo con los ojos de nostalgia desde la perspectiva infantil: ¡el Mundial ha cambiado!. La FIFA ha adquirido un poder inimaginable gracias a la proyección del fútbol como negocio antes que como deporte. El enfoque primordial a la venta de boletos, derechos televisivos, sponsors multinacionales, etc., le da un sabor diferente a la cita de cada cuatro años; el fútbol se ha convertido en una herramienta corporativa de hacer dinero y el Mundial es el mes de la gran recaudación.

Ahora los mundiales no representan a sus países organizadores, sino al Vaticano del fútbol: la FIFA. Los afiches, mascotas, logos, etc., son diseñados por una multinacional de publicidad con sede en Londres, las canciones son encargadas a conglomerados corporativos como el de Emilio Estefan en Miami, Florida, que luego nos sorprenden con intrigantes piezas musicales como el Olé olé olé o el Waka waka. Cada vez tiene más importancia la publicidad que es vendida a precios increíbles solamente a marcas mundiales como Coca Cola, Visa, Sony, Hyundai y otros gigantes.

Las cámaras exclusivas ofrecen repeticiones exclusivas, ángulos exclusivos, perspectivas exclusivas y cámaras lentas exclusivas en su exclusiva alta definición sólo para los exclusivos clientes de la única operadora de televisión satelital a nivel mundial.

Las naranjitas y chilitos han sido reemplazados por personajes modelados en 3D que parecen salidos de Cartoon Network. Nadie en el mundo puede editar un álbum de cromos de Brasil 2014 porque la exclusividad mundial para ello fue cedida a una empresa multinacional de los cromos: la italiana Panini, gracias a ello tenemos cromos autoadhesivos en empaques sellados al vacío con sellos holográficos y cromos exclusivos que puedes conseguir únicamente haciendo un depósito de USD 50 en el Banco Pichincha.

pichincha.jpg
¿No me cree? Vaya y pregunte.


Ahora todos los Mundiales se parecen, todos los Mundiales son un solo Mundial: “El Mundial ®”;
todos los afiches son uno solo, los logotipos del mundial son un solo logotipo: ya no es el mundial de España, el de Japón, el de Argentina… ahora es El Mundial® de la FIFA®.

La FIFA confina al gobierno brasileño a construir los estadios más fastuosos del mundo utilizando presos y ex esclavos para ello* ante la perplejidad de la población más menesterosa de toda América Latina, cuyas protestas son acalladas por los medios de comunicación que naturalmente sacarán una jugosa tajada de este agridulce pastel.

Es entonces cuando vuelvo a cuestionarme la realización del Mundial de fútbol, y creo que no quiero el mundial, no quiero ese mundial… no quiero ese tipo de Mundial.

Este año la canción del Mundial la cantará Pitbull, un cubano estadounidense que no sabe cantar, que no representa a Latinoamérica, mucho menos a Brasil y que nunca ha de haber pateado un balón de fútbol en su puta vida. Disfruten de Brasil 2014, “ya tu sabe”.

lunes, 12 de mayo de 2014

¿El fútbol lo vale?

José Rodríguez


Supongo que si pasas gran parte de tu fin de semana relacionado con un deporte en particular eres un un gran aficionado de aquello. Si entre tus programas favoritos están sus eventos especiales transmitidos por televisión, o si en los momentos de relax lo practicas, sea en persona o en juegos de video y admiras incomensurablemente a quienes lo hacen profesionalmente, eres en serio un fanático.

Eso es para mí el fútbol, desde que era un niño pequeño lo vivo, me ha acompañado en muchas ocasiones y tengo mis futbolistas ídolos. Además he aprendido lo que es la pasión gracias a lo que ha significado para mí ser hincha de uno de los mejores equipos de América, la Liga Deportiva Universitaria.


Primero en el Olímpico Atahualpa y desde hace 17 años en Ponciano, he aprendido a disfrutar del juego, me he llenado la garganta de gol y los ojos de lágrimas en más de una ocasión. Vi a mi equipo descender a la B y pocos años después consagrarse como el mejor equipo de todo el continente. Varios de los momentos más representativos de mi vida sucedieron cuando llevaba una camiseta blanca con una U en el pecho.

La alegría más grande que me ha dado el fútbol

Aquello me enseñó que a veces es necesario dejarlo todo por cumplir un sueño, que el amor que nunca cambias es el que sientes por tu equipo de fútbol, que en la vida se reproducen muchas situaciones que ves en una cancha y que haber pasado por la general de un estadio te puede enseñar a enfrentar cierto tipo de problemas cotidianos. Lo más lindo de estar en una barra es aprender valores como la amistad, la solidaridad y la lealtad, y gracias a Liga aprendí eso y más.

Pero más allá de estas últimas líneas de ensalzamiento de mi equipo preferido, quisiera centrarme en el momento cumbre de todo el juego: la Copa del Mundo de la FIFA, que este año se llevará a cabo en el económica y socialmente emergente Brasil.

Hablemos un poco del gigante sudamericano, del país amazónico gobernado por Dilma Rousseff, aquel que se ha convertido en uno de los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), es decir, una de las potencias económicas con mayor proyección internacional y que tiene en sus costas atlánticas una de las mayores reservas hidrocarburíferas off-shore de todo el mundo.

"Nossa economia esta bem"
Se podría decir que sería maravilloso vivir allí y que después dada aquella bonanza económica estaríamos hablando de uno de los sitios ideales en todo el planeta para albergar la Copa Mundial y los Juegos Olímpicos, que en 2016 se llevarán a cabo en Río de Janeiro.

El país de las grandes metrópolis y los recursos naturales prácticamente inagotables es también uno de los que registra la más alta brecha socioeconómica, es decir, la diferencia en el modus vivendi entre los sectores más ricos y más pobres es altísima. Los ricos son muy ricos y los pobres son muy pobres, repitiendo así una de los mayores problemas de toda Latinoamérica, la inequidad.

Las familias más desposeídas son hacinadas en las llamadas favelas mientras que las revistas de turismo exhiben solamente la parte bonita de las ciudades, Río de Janeiro es aparentemente un Guayaquil más grande dada aquella situación. 

Dilma: "Aqui nós esconder os pobres"
Según datos del propio Gobierno de Rousseff son cerca de 50 millones las personas que viven en la pobreza, es decir, aproximadamente cuatro veces la población del Ecuador. En 2013, la renta familiar del 20% de la población poseyó el 57,7% del total de la riqueza nacional y el coeficiente de Gini, indicador que va de cero a uno y que aumenta según lo hace la desigualdad es de 0,55, cuando el ecuatoriano es de 0,47 y el de países como los nórdicos es de 0,33. Aunque la diferencia parezca pequeña es muy alta.

Además deberíamos mirar un poco a la historia, cuando en 2004 Grecia organizó los Juegos Olímpicos y su gobierno de entonces realizó altísimas inversiones, 10 años después vemos a la economía helénica devastada y al presidente subastando su país al mejor postor. Las consecuencias en el emergente Brasil podrían ser terribles, considerando que la inversión para la Copa supera los 15.000 millones de dólares, cifra que se aproxima al 40% de la totalidad del presupuesto general del Estado ecuatoriano para todo 2014.

Esto quedó de un escenario que hace 10 años perteneció a la élite olímpica
Y los efectos no vienen a futuro como en el caso griego, ya se están sintiendo en el gigante sudamericano. Además del hacinamiento en favelas, los mendigos están siendo “reubicados” en las zonas no visibles para los turistas, los animales callejeros están siendo capturados y sacrificados y para colmo la presidenta Rousseff decretó una reducción de horas de trabajo para la población a fin de que la gente mire los partidos.

Si bien se esperan altas ganancias para el país anfitrión, las cifras resultan irrisorias si se comparan con la inversión realizada, hace cuatro años Sudáfrica (otro BRICS) no ganó más de 1.000 millones de dólares, cifra que se podría superar en Brasil, pero considerando que la inversión en la nación africana no superó los 8.000 millones, la cifra resultaría insignificante.

Además de aquello está la veintena de obreros que hasta la fecha han resultado heridos o muertos en la construcción de los estadios. No quisiera decir que la Copa le quedó grande a Brasil, pero va pareciendo que sí, que quizá Latinoamérica no está lista para recibir a un evento de tal magnitud.

El tema es tan delicado en Brasil que las protestas por el exagerado monto de dinero público en la construcción de escenarios (a un mes de la apertura algunos están inconclusos), la infraestructura de transporte (aún hay aeropuertos a medio construir y otros que definitivamente solo quedaron en planos), los fan fests (ciertas ciudades no cuentan con los fondos suficientes para organizarlos por lo que deberán pedir créditos al gobierno central) y el consiguiente aumento en los precios de los servicios e impuestos (en 2013 se intentó subir los precios del transporte público).

Además hay jugadores ex campeones mundiales como el recientemente retirado Rivaldo y el actualmente diputado del Partido Socialista Romário, quienes ya se han mostrado en contra de la organización de la Copa. El otro lado es representado por el eterno amigo de los billetes verdes Pelé y el ahora empresario y jugador de poker Ronaldo.

"Eu sou capaz de vender o meu pais pra ganhar dinheiro"
La verdad es que disfrutaré del Mundial porque amo el fútbol, espero cuatro años para verlo nuevamente, pero creo que este año será diferente, la Copa de 2014 será la de las desigualdades socioeconómicas, la de las protestas y seguramente de la represión policial, como ya ocurrió en la Copa de las Confederaciones realizada en el propio Brasil. Y ahora quieren organizar también el Mundial de Clubes y la Copa América… no sé qué irá a pasar con el querido país verde amarelho.

Que el balón empiece a rodar y nosotros a cantar los goles, pero tratemos de no olvidar que junto a eso hay un pueblo que sufrirá las consecuencias más difíciles gracias a tener en su casa a la fiesta ecuménica.